jueves, 29 de mayo de 2008

Ecos del Simce 2007(2): ¿Qué hacer con los profesores?

El estudio de los resultados del SIMCE 2007 revalorizó la importancia de formar profesores más preparados, competentes y con una especialización disciplinaria, lo cual permitiría la optimización progresiva de los resultados. He aquí tres ideas que recojo al respecto y que se sostinen y condensan en torno a tres puntos ejes:
1) Las universidades públicas y privadas en general – apoyadas por las políticas emanadas de los gobiernos de la concertación- han sido cada vez más laxos en la exigencia de puntajes de corte para ingresar a la carrera docente, lo que ha sido puesto de manifiesto en la entrega de becas completas a alumnos que optan por seguir un carrera docente y que cuyos puntajes en la prueba de selección universitaria no superan los 550 puntos. En esta línea, la ministra de educación reconoció claramente que en el rubro de la educación estamos lejos de tener a los “mejores”. La clave a mi juicio está en incentivar a alumnos destacados egresados de enseñanza media –no necesariamente con altos puntajes en la prueba- a proseguir una carrera docente con beca completa y ofreciendo una serie de servicios sociales anexos a su vocación, tal como se hace con los militares. Ilustre es el caso de Finlandia, que provee a los docentes de cobertura social gratuita de calidad, tales como vivienda, salud y alimentación, puestos que son considerados “servidores del Estado”. En síntesis, se debe recobrar el otrora prestigio que ostentaba la labor docente, no universalizando su ejercicio sino siendo más estrictos en los procesos de selección y diversificando los mecanismos de ayuda y estímulo a la labor del profesorado.

2) En concatenación con lo anterior, urge a mi juicio reestructurar y unificar el currículo central que emana de las universidades que imparten la carrera docente –que en Chile, ya son más de 15- de manera de formar profesores más preparados y al tanto de las vanguardias metodológicas actuales. En el sistema actual, persisten profesores que siguen impartiendo con atávicas prácticas de enseñanzas y que son reacios a reformular las mismas pues estiman que ellas “siempre les han dado resultados”. De esta misma manera, se debería consignar especial consideración a la prestación de mayores recursos a universidades públicas para robustecer sus facultades de educación, proveyéndolas de mejores profesores y mejor infraestructura e implementación. Asimismo estimo necesario potenciar la labor investigativa de las universidades en materia educativa, de modo de enriquecer el panorama docente y de dar a conocer las renovaciones que día a día esta profesión experimenta. Sin embargo, lo anterior se ve seriamente obstaculizado por el modelo neoliberal que inspira el desapego del Estado para con el progreso de sus universidades públicas.

3) Adscribir a todo mecanismo de evaluación externa (ya sea TIMMS, PISA u otros) e intensificar y rigidizar la evaluación docente, de manera de que los profesores están sometidos constantemente a formas de monitoreo de desempeño. Lo anterior debe ir ligado a incentivos en dinero o estímulos de excelencia que consigan promover un quehacer docente activo y comprometido con la educación que imparten. No obstante, la situación planteada choca con la municipalización, en donde los alcaldes carecen de las facultades para entregar premios de esa naturaleza, así como también para expulsar a aquéllos profesores que han obtenido pésimos resultados en informes de calidad y desempeño. En esta misma línea y en conformidad con lo que consagra la nueva ley de Educación, se deben establecer y densificar instituciones autónomas encargadas de fiscalizar y velar por la correcta gestión y uso de los recursos asignados, de manera de evitar desastres como el escándalo de las subvenciones que motivó la destitución de la ministra Provoste.

miércoles, 28 de mayo de 2008

Ecos del Simce 2007(1): ¿Qué hacer con los profesores?

Los resultados del Simce 2007 reproducen una realidad que parece repetirse años tras año: los niveles de educación no mejoran sino que por el contrario, tienden a estancarse.
Sin embargo, el estudio detallado de los resultados permitió reposicionar la importancia de un elemento clave en la adquisición efectiva del aprendizaje: los profesores. En este sentido, se subraya que colegios cuyos docentes declaran enseñar en mayor medida el currículo central, ostentan buenos resultados en la evaluación docente y proyectan altas expectativas del futuro educacional de sus estudiantes, exhiben un incremento sostenido de sus resultados. Esto hace, en definitiva, reconfirmar que, en el contexto de la discusión actual sobre una mejora sustantiva en la educación, se debe hacer hincapié en la formación inicial docente, así como en la formación continua y permanente del profesorado en ejercicio pues esto efectivamente haría una diferencia en la calidad de la educación entregada en los establecimientos. En concordancia con esto, desde el gobierno se remarcó la relevancia que adquiere la continuación de los planes de evaluación de desempeño de manera se seguir impulsando exámenes para certificar las competencias pedagógicas de los profesores, todo lo cual se inscribe dentro del marco de sistematización de la evaluación docente como mecanismo de postulación a los estímulos de excelencia.

En esta misma línea, el estudio detectó una diferencia sistémica y significativa de los resultados de aprendizaje de octavo básico a favor de los colegios que imparten enseñanza básica y media, en desmedro de los colegios que sólo imparten enseñanza básica y que dice relación con la especialización de los docentes. Los primeros –según lo indica el estudio- poseen en un 73% profesores de enseñanza media que tienen una especialización disciplinaria, y por lo tanto, saben más de lo que enseñan. En cambio, los colegios de enseñanza básica cuentan en un 94% con maestros con formación general y que por ende, adolescen en su mayoría de la preparación y el conocimiento suficiente para ser altamente competentes en los cargos que desempeñan. Este problema crucial animó a la ministra de Educación a orientar sus esfuerzos a invitar a los centros de formación docente a responder a la necesidad de preparar profesores de básica con especialización en una o dos disciplinas y señaló que en ese punto que la responsabilidad que le asiste a las universidades es ineludible. Idea en la que concuerda Erica Himmel, decana de la facultad de educación de la universidad católica, quién señaló que se debe particularizar la formación de los docentes de enseñanza básica de manera de mitigar las falencias que se han recogido en este ámbito. Desde el seno del profesorado, en tanto, se han levantado voces de rechazo a lo esgrimido por la secretaria de estado, pues argumentan que es clásico de la acentuación del neoliberalismo en Chile endosar los magros resultados a la labor docente.
Estos tres ítemes – profundización en la aplicación del plan de evaluación docente, especialización y formación permanente de los profesores – dibujan el plano estratégico de acción en la que el gobierno se apoyará para revertir la lógica acostumbrada de que profesores malos se traducen por inercia propia del sistema, en malos resultados.

martes, 6 de mayo de 2008

¿Sociedad de la Información o Sociedad del Conocimiento?

La noción de la sociedad del conocimiento es bautizada por el sociólogo y antropólogo estadounidense Daniel Bell cuya obra, “El advenimiento de la sociedad post-capitalista”, pone de relieve la necesidad de generar una teoría económica que posicionara al conocimiento como centro de la producción de la riqueza, apuntalando al saber y la información como recurso básico en las configuración de las sociedades futuras y estructura central en la economía. La expresión precedente ha revestido especial importancia en la actualidad sobretodo por el uso, difusión e innovaciones intensivas en el ámbito de las nuevas tecnologías de la información y en el auge espectacular del mercado de acciones de la industria de la comunicación. Todo lo cual ha abierto nuevas perspectivas de ampliación en el espacio público de conocimiento e instantaneidad en la adquisión de información, cuya “alma máter” reside, principalmente, en la aparición de la red pública de Internet como sustrato esencial de esta transformación.
Sin embargo, restándole importancia al hecho de vivir globalizados comunicacionalmente, no hay certeza respecto de si vivimos restringidos a una sociedad de la información o abiertos a una sociedad del conocimiento. Y la diferencia no es sutil. La popularización del término “sociedad del conocimiento” se atribuye al japonés Taichi Sakaiya, el cual introdujo el concepto de “valor-conocimiento” que apunta a valorizar las percepciones individuales y colectivas de la sociedad en su conjunto respecto de la importancia subjetiva del “saber”.
En esta línea, la UNESCO ha adoptado esta expresión dentro de sus políticas institucionales y ha señalado que, “la sociedad de la información es la piedra angular de la sociedad del conocimiento”, destacando a esta última como aquéllas que incluyen una dimensión de proceso cultural, ético y social, así como más pluralista y desarrollado. En cambio, a la sociedad de la información sólo como un fenómeno derivado de la sistematicidad en la innovación tecnológica y de intereses comerciales funcionales a la aceleración en la instauración de un “mercado mundial abierto” que sustenta el modelo neoliberal Se colige en este sentido, que la sociedad de la información es una etapa de transición necesaria hacia una sociedad del conocimiento, entendida como aquélla capaz de generar, apropiar y utilizar el conocimiento como forma de atender a las necesidades de un desarrollo equitativo e integral de la población.
Independiente de las conceptualizaciones diversas que se realicen respecto al tema, es a mi juicio, de esencial importancia ubicar el debate en torno a cuáles son las bases culturales bajo las cuales construimos conocimiento. En otras palabras, cuáles son las dinámicas sociales que intervienen en la producción del saber. Naturalmente, el Internet y la información mundializada proporcionan herramientas útiles a la hora de facilitar el flujo de canales de información, no obstante, es necesario consolidar y potenciar este conocimiento con dispositivos avanzados de comprensión y cognición. Estoy cierto, en este sentido, que vivir en una sociedad “informacional” supone un paso hacia el logro de una sociedad definida por el conocimiento, sin embargo, debe considerarse como una transición “a largo plazo” pues implica reestructurar un modelo social que ve al conocimiento como un mero adjetivo de la información.