La noción de la sociedad del conocimiento es bautizada por el sociólogo y antropólogo estadounidense Daniel Bell cuya obra, “El advenimiento de la sociedad post-capitalista”, pone de relieve la necesidad de generar una teoría económica que posicionara al conocimiento como centro de la producción de la riqueza, apuntalando al saber y la información como recurso básico en las configuración de las sociedades futuras y estructura central en la economía. La expresión precedente ha revestido especial importancia en la actualidad sobretodo por el uso, difusión e innovaciones intensivas en el ámbito de las nuevas tecnologías de la información y en el auge espectacular del mercado de acciones de la industria de la comunicación. Todo lo cual ha abierto nuevas perspectivas de ampliación en el espacio público de conocimiento e instantaneidad en la adquisión de información, cuya “alma máter” reside, principalmente, en la aparición de la red pública de Internet como sustrato esencial de esta transformación.
Sin embargo, restándole importancia al hecho de vivir globalizados comunicacionalmente, no hay certeza respecto de si vivimos restringidos a una sociedad de la información o abiertos a una sociedad del conocimiento. Y la diferencia no es sutil. La popularización del término “sociedad del conocimiento” se atribuye al japonés Taichi Sakaiya, el cual introdujo el concepto de “valor-conocimiento” que apunta a valorizar las percepciones individuales y colectivas de la sociedad en su conjunto respecto de la importancia subjetiva del “saber”.
En esta línea, la UNESCO ha adoptado esta expresión dentro de sus políticas institucionales y ha señalado que, “la sociedad de la información es la piedra angular de la sociedad del conocimiento”, destacando a esta última como aquéllas que incluyen una dimensión de proceso cultural, ético y social, así como más pluralista y desarrollado. En cambio, a la sociedad de la información sólo como un fenómeno derivado de la sistematicidad en la innovación tecnológica y de intereses comerciales funcionales a la aceleración en la instauración de un “mercado mundial abierto” que sustenta el modelo neoliberal Se colige en este sentido, que la sociedad de la información es una etapa de transición necesaria hacia una sociedad del conocimiento, entendida como aquélla capaz de generar, apropiar y utilizar el conocimiento como forma de atender a las necesidades de un desarrollo equitativo e integral de la población.
Independiente de las conceptualizaciones diversas que se realicen respecto al tema, es a mi juicio, de esencial importancia ubicar el debate en torno a cuáles son las bases culturales bajo las cuales construimos conocimiento. En otras palabras, cuáles son las dinámicas sociales que intervienen en la producción del saber. Naturalmente, el Internet y la información mundializada proporcionan herramientas útiles a la hora de facilitar el flujo de canales de información, no obstante, es necesario consolidar y potenciar este conocimiento con dispositivos avanzados de comprensión y cognición. Estoy cierto, en este sentido, que vivir en una sociedad “informacional” supone un paso hacia el logro de una sociedad definida por el conocimiento, sin embargo, debe considerarse como una transición “a largo plazo” pues implica reestructurar un modelo social que ve al conocimiento como un mero adjetivo de la información.
Sin embargo, restándole importancia al hecho de vivir globalizados comunicacionalmente, no hay certeza respecto de si vivimos restringidos a una sociedad de la información o abiertos a una sociedad del conocimiento. Y la diferencia no es sutil. La popularización del término “sociedad del conocimiento” se atribuye al japonés Taichi Sakaiya, el cual introdujo el concepto de “valor-conocimiento” que apunta a valorizar las percepciones individuales y colectivas de la sociedad en su conjunto respecto de la importancia subjetiva del “saber”.
En esta línea, la UNESCO ha adoptado esta expresión dentro de sus políticas institucionales y ha señalado que, “la sociedad de la información es la piedra angular de la sociedad del conocimiento”, destacando a esta última como aquéllas que incluyen una dimensión de proceso cultural, ético y social, así como más pluralista y desarrollado. En cambio, a la sociedad de la información sólo como un fenómeno derivado de la sistematicidad en la innovación tecnológica y de intereses comerciales funcionales a la aceleración en la instauración de un “mercado mundial abierto” que sustenta el modelo neoliberal Se colige en este sentido, que la sociedad de la información es una etapa de transición necesaria hacia una sociedad del conocimiento, entendida como aquélla capaz de generar, apropiar y utilizar el conocimiento como forma de atender a las necesidades de un desarrollo equitativo e integral de la población.
Independiente de las conceptualizaciones diversas que se realicen respecto al tema, es a mi juicio, de esencial importancia ubicar el debate en torno a cuáles son las bases culturales bajo las cuales construimos conocimiento. En otras palabras, cuáles son las dinámicas sociales que intervienen en la producción del saber. Naturalmente, el Internet y la información mundializada proporcionan herramientas útiles a la hora de facilitar el flujo de canales de información, no obstante, es necesario consolidar y potenciar este conocimiento con dispositivos avanzados de comprensión y cognición. Estoy cierto, en este sentido, que vivir en una sociedad “informacional” supone un paso hacia el logro de una sociedad definida por el conocimiento, sin embargo, debe considerarse como una transición “a largo plazo” pues implica reestructurar un modelo social que ve al conocimiento como un mero adjetivo de la información.
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